Santoral de hoy 15 de febrero: San Onésimo, de esclavo fugitivo a Mártir por la Fe

La carta a Filemón cambió el rumbo de la vida de San Onésimo. Conoce cómo este acto influyó en su identidad y en su legado en la fe.

Desde ser un esclavo fugitivo y ladrón, hasta convertirse en un hermano fiel para San Pablo / Imagen: Aragón Digital
Desde ser un esclavo fugitivo y ladrón, hasta convertirse en un hermano fiel para San Pablo / Imagen: Aragón Digital

La historia del cristianismo está llena de personajes fascinantes cuyas vidas, a menudo breves en las Escrituras, esconden relatos de profunda transformación. Uno de ellos es Onésimo, un nombre que significa "provechoso" o "útil" en griego. Sin embargo, su biografía es la prueba viviente de que, a veces, lo que parece una pérdida total puede convertirse en algo inmensamente valioso.

EL ENCUENTRO QUE LO CAMBIÓ TODO EN UNA CÁRCEL ROMANA

La vida de Onésimo dio un giro radical en el lugar más insospechado: una mazmorra. Huía de su amo, Filemón, un ciudadano acomodado de Colosas (en la actual Turquía), y lo había hecho, además, con las manos no del todo limpias. Había cometido un delito grave: robó a su dueño antes de escapar.

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Buscando refugio o quizás el anonimato en la gran metrópoli, Onésimo terminó en Roma. Y fue allí, en las oscuras y húmedas celdas de la prisión Mamertina, donde se topó con un prisionero peculiar: un judío romano de Tarso llamado Pablo de Tarso. Lejos de ser un reo común, aquel hombre irradiaba una paz y una alegría desconcertantes, encadenado precisamente por predicar a un tal Jesús.

Ese encuentro no fue casualidad. Onésimo se convirtió en uno de los conversos más queridos del Apóstol. Pablo lo llamaría años más tarde "mi hijo, a quien he engendrado entre cadenas". Lo que Pablo vio en él no fue a un esclavo fugado, sino a un alma lista para ser "útil" para el Reino de Dios.

UNA PEQUEÑA CARTA CON UN GRAN PESO TEOLÓGICO

El problema era serio: Onésimo, ahora bautizado, seguía siendo legalmente propiedad de Filemón. La ley romana permitía a los amos castigar a los esclavos fugitivos con una crueldad extrema, incluyendo la crucifixión. Pero Pablo, con una maestría pastoral y una delicadeza sin igual, no lo retuvo a su lado. Decidió enviarlo de vuelta.

Para allanar el camino, escribió una carta personal a Filemón, un texto breve pero tan profundo que hoy forma parte del Nuevo Testamento. En ella, Pablo no ordena, sino que suplica: "Te ruego en favor de mi hijo Onésimo... Recíbelo como a mí mismo. Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta". El apóstol no solo le pide perdón, sino que le pide que lo reciba "no ya como esclavo, sino como hermano amado".

Este gesto, de una revolución social silenciosa, fue el acta de nacimiento de la nueva identidad de Onésimo. La carta surtió efecto. Filemón, que también era un líder de la comunidad cristiana, lo perdonó y lo aceptó como un verdadero hermano en la fe. La relación de patrón-esclavo quedó trascendida por el vínculo bautismal. Pablo, tiempo después, lo mencionaría en su carta a los Colosenses, llamándolo nada menos que "el hermano fiel y querido".

EL LEGADO DE UN HOMBRE NUEVO

Los Hechos de los Apóstoles guardan silencio, pero la Tradición y los Padres de la Iglesia, como San Jerónimo, nos ofrecen un final épico.

Se cree que Onésimo no se quedó de brazos cruzados. La experiencia de la gracia lo impulsó a predicar. Algunas fuentes antiguas sugieren que llegó a tierras lejanas, quizás incluso a España, llevando el mensaje de Pablo. La tradición más sólida, sin embargo, lo sitúa como obispo de Berea, en Macedonia. Su antiguo dueño, Filemón, también habría sido consagrado obispo de Colosas, cerrando así un círculo de hermanos en el ministerio.

Pero el final de su vida estuvo marcado por el mismo destino que el de su maestro espiritual. Durante la persecución del emperador Domiciano, a finales del siglo I (hacia el año 90 o 95), Onésimo fue arrestado. Se dice que el propio emperador sintió curiosidad por conocer a aquel hombre del que hablaban maravillas, no para honrarle, sino para acabar con él. Onésimo sufrió el martirio, sellando con su sangre la fe que un día encontró en una prisión romana, escuchando a un prisionero que le habló de libertad eterna.

La vida de San Onésimo es un recordatorio de que no hay pasado que condene tu futuro cuando la fe transforma el corazón.

Iván Fraijo
Iván Fraijo

Como maestro en Marketing Digital, me especializo en el análisis de tendencias de comunicación y tecnología para crear estrategias efectivas. Mi objetivo es conectar contenido de valor con la audiencia correcta, traduciendo la innovación tecnológica en mensajes claros y persuasivos que impulsen el crecimiento y generen un impacto significativo.