Carlitos, ejemplo de lo que significa ser fuerte

Este 15 de febrero se conmemora el Día de la Lucha contra el Cáncer Infantil

El pequeño ha demostrado una actitud increíblemente positiva en medio de las adversidades que ha vivido.
El pequeño ha demostrado una actitud increíblemente positiva en medio de las adversidades que ha vivido.

Cada 15 de febrero, se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer Infantil. No es una fecha más en el calendario, sino que es un recordatorio de la fragilidad de la vida y, al mismo tiempo, de la fuerza inmensa que habita en los corazones más pequeños. Es el día para hablar de ellos. Es el día para conocer historias como la de Carlitos.

Todo comenzó en un día normal. Una tarde de cine, después de su festival navideño en el que había participado con la emoción propia de sus cinco años. Carlitos celebraba con su mamá y su hermana. Nadie imaginaba que aquella tarde marcaría un antes y un después.

Una caída en el cine, luego un dolor repentino. Vómitos que no parecían normales. La alegría se transformó en preocupación. Su mamá, Marlén López, lo llevó a consulta en una farmacia de Similares. Ahí notaron algo extraño en su cuerpo y pidieron que fuera llevado de inmediato a un hospital.

EL INICIO DE UNA HISTORIA LLENA DE ESPERANZA

Debido a que en ese momento no contaban con Seguro Social, optó por llevarlo al Hospital del Niño y la Mujer en Ciudad Obregón. Ahí, los médicos sospecharon rápidamente de la presencia de un tumor en una zona cercana a sus riñones. Sin embargo, no contaban con los aparatos necesarios para un diagnóstico más preciso.

La angustia aumentó pues las opciones eran a otra ciudad o lograr su ingreso al Seguro Social. Tras tres días que parecieron eternos, Carlitos fue admitido en el IMSS. Entonces se confirmó lo temido: había algo malo en su cuerpo. Faltaban estudios para determinar con exactitud qué era, pero la palabra "tumor" ya se había instalado en la vida de la familia.

Fue su papá quien tuvo que buscar las palabras para explicar al pequeño que dentro de su cuerpo "había un bichito" que necesitaba ser tratado con medicamentos y que tendría que quedarse varios días en el hospital. Así comenzó la batalla.

UN 30 DE ABRIL COMPLICADO

En su camino apareció la doctora Betania Sánchez Arreola, oncóloga pediatra, quien explicó con paciencia cada paso del tratamiento. Desde ese momento, la vida de la familia cambió para siempre.

Marlén recuerda con claridad el 30 de abril en que Carlitos recibió su primera quimioterapia. Mientras en el Piso 2 se realizaba un pequeño festejo por el Día del Niño, él comenzaba un tratamiento que transformaría su infancia. Tenía apenas cinco años.

La enfermedad lo obligó a entender palabras que deberían ser ajenas a cualquier niño: quimioterapia, tumor, defensas bajas. Tuvo que dejar la escuela, el parque, las reuniones familiares. Su cabello cayó, pero no su ánimo.

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SON FUERTES, VALIENTEMENTE FUERTES

Mientras el tumor crecía ligeramente y se buscaban opciones para ayudarlo, Carlitos seguía jugando, bailando y cantando. Siempre con una sonrisa que a veces se nublaba tras largas estancias hospitalarias, pero que nunca desaparecía del todo.

La esperanza los llevó hasta Guadalajara. Su primer viaje en avión no fue para vacacionar, sino para una valoración médica. Después vendría la operación en la que lograron extirpar el tumor, aunque fue necesario retirarle también un riñón. Una cirugía compleja, pero llena de esperanza.

Las quimioterapias continuaron tras la operación. Su cuerpo comenzó a resentirlas, pero eso no le impedía jugar en su tablet y distraerse con videojuegos.

Hoy, casi tres años después, Carlitos espera nuevos estudios que determinen si el tratamiento ha sido completamente exitoso. Sueña con el día en que pueda tocar la campana que simboliza el final de su tratamiento.

Con siete años y medio, Carlitos sabe lo que es pasar cumpleaños en el hospital, posponer celebraciones porque las defensas no están bien y aprender a cuidarse más que otros niños. Hace poco volvió a la escuela; cursa segundo de primaria y comienza a hacer amigos fuera del ambiente hospitalario.

Fanático de Dragon Ball Z, en su cumpleaños siete recibió mensajes personalizados de Goku, Vegeta y Piccolo, enviados por los actores de doblaje que dan vida a estos personajes, quienes no dudaron en mandarle palabras de ánimo tras conocer su historia. Para él, esos héroes animados se sumaron a los reales que son sus médicos, sus enfermeras, su familia.

Tiene una fe enorme en Dios y en la Virgen de Guadalupe, una fe inculcada en casa y que hoy abraza con determinación. Su alegría es tan genuina que pareciera que nunca ha estado enfermo. Siempre tiene una sonrisa y el deseo enorme de que esta pesadilla termine para recuperar su vida, dentro de los cuidados que aún deberá mantener.

UNA MAMÁ QUE NO SE RINDE

 "Siempre pienso en cómo un simple diagnóstico cambió nuestras vidas", dice Marlén. Recuerda las largas jornadas en el hospital, el cansancio acumulado, las noches sin dormir. "No sabes lo difícil que es afrontar esto todos los días", agrega. Durante estos tres años, ha sido ella quien mayormente ha acompañado a su hijo en cada consulta y cada tratamiento.

En el hospital parece que el tiempo se detiene, pero la fe no se pierde.

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UN LLAMADO A LA SOLIDARIDAD

La historia de Carlitos se repite en muchos hogares donde un diagnóstico de cáncer infantil transforma rutinas, sueños y prioridades. Niños y niñas que convierten habitaciones hospitalarias en salas de juegos y que salen de una quimioterapia sonriendo.

Son Fuertes. No hay otra manera de llamarlos. Son extraordinarios por todo lo que resisten y por la luz que irradian incluso en medio del dolor.

En Ciudad Obregón, todos ellos cuentan con el respaldo del equipo del área de oncología pediátrica encabezado por la Dra. Lizette Bojórquez, la oncóloga Betania Sánchez y la hematóloga Damaris Martínez, además de enfermeras, personal de trabajo social y otras áreas comprometidas con aliviar no solo el cuerpo, sino también el alma.

Este 15 de febrero es la oportunidad para reconocer la valentía de Carlitos y de todos los niños y niñas que están en tratamiento, de quienes han logrado tocar la campana y también de aquellos que no pudieron vencer la enfermedad, pero dejaron un testimonio imborrable de fortaleza.

Es el momento de abrazar, acompañar y ser solidarios con las familias que luchan cada día. Porque detrás de cada diagnóstico hay un niño que sueña, una familia que no se rinde y una historia que merece ser contada.

Y mientras exista una sonrisa como la de Carlitos, habrá esperanza.

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